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A Place Where the Sun is Silent [ Afiliación Normal ]

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A Place Where the Sun is Silent [ Afiliación Normal ]

Mensaje por Thespian el Lun Ene 09, 2012 12:16 am


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A Place Where the Sun is Silent




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Historia:


Foro de Rol Yaoi psicológico, ambientado en la historia escrita de la banda estadounidense post-hardcore "ALESANA": " A Place Where the Sun is Silent ", basada a su vez en la "Divina Comedia", del poeta florentino Dante Alighieri

A Place Where the Sun is Silent:


"Mantenme con vida.


Y golpéame y tortúrame.



Y todavía no entiendo: No - no volverá"





Intento discernir cuándo fue que llegué a esto. A este oscuro lugar dentro de mí mismo que hizo que cometiera el peor error de mi vida. Una acción por la que eternamente seré perseguido y nunca tendré paz. Es mentira aquella aseveración de decir que te has vuelto loco. Locos estamos todos. El mal de la humanidad somos nosotros mismos, con la semilla de la perversidad aguardando brotar, germinando lentamente en esos recovecos vacíos que conforme crecemos, vamos descuidando. Entonces esa maldad natural va ganando terreno, en secreto, escondiéndose de la conciencia para hacer su espectacular aparición cuando menos lo esperemos. De la forma que menos esperamos.

Y es curioso el cómo intentamos luchar contra esa naturaleza innata, amortiguar a la fiera que no se doma y negarnos, sólo para evitar dañar a terceros. ¿Pérdidas sin daños? No creo que haya. El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional.

La culpa del asunto no sé decir de quién ha sido. He de suponer, para cuadrar las cuentas, que es equitativa. No confío en mí. Me conocieron por quien no era y cuando quise desmentirlo, no pude. Esa noche, oscura como lo más profundo de todo ser, estaba en relativa calma. No recuerdo bien si tomé el cuchillo antes de volver a la habitación o si esperaba por su presencia con él en mano. La memoria a veces decide olvidarse de lo que se ha vivido para no preservar ciertos recuerdos que a pesar de desesperados intentos, se mantienen a salvo. Todos estamos hechos de pedazos incompletos de memorias, fabricados por estas delicadas piezas que potencializan la locura. Alguien debería hacer saber entonces que es en ellos donde radica el origen de todo mal, del desentono. Así, por ejemplo, se ahorrarían millones de locos emergidos de sus recuerdos. De la locura que otorga una fotografía, un aroma, los días y sus ecos.

¿Pero quién rayos puede decir dónde empieza el bien y termina la maldad? ¿Quién es quien lo juzga, quien castiga? Nuestras acciones tienen consecuencias y no se puede huir jamás de ellas. Tarde o temprano nos alcanzan, por mucho que evadamos su rostro. Tampoco recuerdo si llovía o si era el viento presagiando a mi amor lo que haría, advirtiéndole que corriera por su vida. Iluso. Puede ser que esa lluvia ya borrada, fueran goteos de mi alma. De todos modos no creo que importe. No creo tampoco que nadie más pueda juzgarme tan conscientemente y con la misma precisión como yo mismo lo he hecho: Soy culpable, terrible y absolutamente responsable de haber derramado con violencia la dulce esencia de la única persona que he amado más que a mí mismo, mi vida. Sí, matarle fue difícil.

Siento su crispamiento bajo mi cuerpo todavía, veo sus ojos poco a poco ir perdiendo esa belleza tan espectacular que ni en este ni en ningún otro mundo seré capaz de encontrar. Oh, sus labios. ¿Dije ya que fueron siempre tentadores? Los acaricié después de que su cuerpo se quedó quieto. Los probé una y otra vez, con la tentación ferrosa adornándole como pequeñas luces alboradas, seduciendo a su propia muerte. Tengo que irme de aquí, lejos de su belleza para siempre inmortal. Le maldije, eso fue todo lo que hice. Grité y suplicó, pero nadie merece vivir así.

Por favor, dime que siempre serás mío. En orden, después y más profundo, sediento, cálido y deshecho. Creo que estoy enloqueciendo sin ti. Tú, la luz de mi alma, mi única razón de permanecer atado a esta silente austeridad. Te concedí tal poder sobre mis emociones y mi persona. ¿Quién diría que terminaríamos en esto? No es que no te haya amado. Dios sabe que tú, más que ninguna otra persona en esta tierra, eras mi todo. Te alimenté con el poder de mis sentimientos, de mi amor; haciéndote disfrutar de mí, al hacerme tú disfrutar de ti. Te di autoridad en mis acciones y con ello te otorgué la capacidad para destruirme. ¿Mi verdad? Algo falló, lo sé. Y no, no volverás.

Aún escucho su respiración. Acelerada, suplicante, oh dios mío, tan perfecta aún en la agonía. Son los recuerdos que sobreviven los que me torturan de esta brutal manera y que calladamente vencen a mi razón, sin prisas, dios, sin prisas. Aquí casi no hay aire. Pero aún le escucho respirar. Siento el temblor de su ser, de su corazón –el verdadero dolor.

Matarle fue difícil, aunque el matar siempre es difícil. Ahora que la noche será mi enorme casa, voy a llevar su cuerpo oscuramente mío; sí, el recuerdo será un placer íntimo y sencillo. Una retorcida manera de permanecer juntos después de la muerte ha sido lo que he hecho. Dijo que siempre me amaría. Bueno, habrá que hacer justicia. No creo que nadie entienda de ello tal como lo entiendo yo. Cuando amas, entregadamente y con la razón puesta en tu eterna adoración, no existe nadie. No existe nada.

Nadie va a entender porqué no me arrepiento tan sinceramente cuando lo hago, en el más remoto caso de que pueda hacerlo. Una estrella en la nieve, sus manos suaves, el silencio. No sé si sea cierto eso que dicen que existe un lugar más allá de la vida donde pagas las acciones que cometiste en esta tierra podrida y prestada. Yo sólo sé, porque lo he hecho, que toda acción tiene una consecuencia inexorable. No voy a lamentar en lo que me he convertido. Lo que mi amor ocasionó en mí; los estragos, las heridas, el suicidio. Amar es una especie de suicidio. Entregas todo –o parcialmente, si tienes más raciocinio que el mío –para no esperar absolutamente nada a cambio, rogando por un poco de condescendencia humana. No es mucho pedir si se razona básicamente. La oscuridad que habita en mí llegó un día, casi de la nada a hacer acto de presencia.

Y digo “casi de la nada” porque sé que tal como el cazador acecha a la presa, ésta me cazó durante un tiempo prudente. La oscuridad siempre estuvo allí, a todas horas, todo el tiempo. Sólo que nunca me molesté en presentarme ante ella y ahora debo aprender a vivir con lo que soy. Tengo que vivir con las decisiones que he hecho, aun si eso implica que no pueda hacerlo conmigo mismo.

Hubo un tiempo en el que las cosas fueron diferentes, pero ahora no lo recuerdo. Sólo sé que esa noche fría y puede que lluviosa, en la oscuridad de mi habitación y durante el más frío de los inviernos, acabé con la única luz que tuve durante muchos años. Cariño, tan cálida fue tu sangre carmesí; venenosa, dios, tan placentera.

No pude evitar acariciar su rostro. Después de todo, su belleza seguía pareciéndome un insulto. ¡Ah, temeridad de todos los dioses! Nunca vi rostro más perfecto ni sublime. Aun en la muerte, seguía siendo inalcanzable. Puedo sentir el último suspiro ahogado, su adiós definitivo, la bienvenida justa de nuestro “para siempre”. Siempre creí que para siempre era mucho tiempo. Bueno, el tiempo se ha vuelto algo bastante relativo. ¿Qué ha sido ayer, qué es el ahora, qué es eternamente siempre? No importa. De este lado, nada importa. Sí, yo le maté, ya lo he dejado en claro. Soy un loco con todo el derecho a serlo, ¿me oyen? ¡Con todo el derecho a serlo!

Su sangre lavó mi cordura y su piel marchita alejó de mí toda paz. Sentí su corazón suplicarme clemencia; escuché sus ruegos, pero no hice caso, no. Sólo me dejé llevar por el instinto animal en nombre del amor que le profesé un día. No quise matarle, es cierto; pero cuanto más se resistía a morir, más fuerza apliqué en los movimientos que cegaron su vida cual relámpago. Una lagartija escurridiza escabulléndose de mis pasos.

Sé que tarde o temprano las cosas acabarían de esta manera. Le advertí una y mil veces que era peligroso, que mi amor acabaría haciéndole daño, pero no le importó de manera alguna. ¿Tendría que haberme importado entonces? ¿Es culpa mía o hay más de un culpable? Quiero decirles algo: Podría haberse salvado.

No sé si pasaron horas o días en secreta convivencia con su cuerpo frío. El amor de mi vida, asesinado por mi propia mano. He de decir en mi defensa que si hice lo que hice fue por mero amor, sepan ustedes. Amor, simple y llanamente como eso. La desesperación de saber que podría perderle, de que se fuera y me abandonara fue el miedo que indujo a generar la angustia y ansiedad en mi alma y que poco a poco, destrozó lo que quedaba de entendimiento. No, porque no iba a resistir que se fuera. No sabría vivir sin él y ahora que debo hacerlo, sé que he enloquecido.

Una mordida directa al corazón fue saber que le había perdido. ¿Pero no dijo que estaríamos juntos incluso después de la muerte, no lo prometió, no juró eso ante los dioses todos de la tierra entera? Ah, gloriosa pulcritud de la verdad más pura en el planeta; agua dulce, cálida ternura, remanso al pendenciero de rodillas gastadas. Es por eso que he llegado hasta las últimas consecuencias. Nadie va a entender porqué este amor que profeso es más fuerte que mi voluntad. Porqué mi vida está cifrada únicamente en su presencia, su calidez, su dulzura humana e inmaculada.

Las luces de la ciudad me enceguecen, pero intentaré arreglarlo. El viento agita mis ropas ensangrentadas, pero no distingo exactamente hacia dónde me estoy dirigiendo. Ni siquiera sé cuánto tiempo es el que llevo corriendo, intentando encontrar algo que no recuerdo qué es. ¿Me dirijo a algún lado en concreto? Mis piernas me duelen y estoy cansado de todo esto. Sé que despertaré y al dar la vuelta encontraré a mi amor, como cada mañana.

Pero, ¿debería ser diferente? Probé a intentar que su amor me salvara de mí, de mi dependencia. ¿Y qué logré? Nada. Absolutamente nada, más que acabar con lo que empezamos. Oh, creo que por fin empiezo a terminar las cosas que inicio. ¿Es así? No recuerdo que este lugar hace cinco minutos fuera un bosque. No recuerdo nada, sólo el crispamiento de su cuerpo, el último suspiro y el éxtasis de su silencio. Empiezo a creer que estoy corriendo en círculos. Estoy intentando alcanzarte, maldita sea, ¿puedes detenerte para mí, sólo esta vez, por favor?

Creo recordar inútilmente porqué me riega una sensación de abandono y vacío cuanto más tiempo me parece que llevo corriendo. ¿Es este el castigo que debo recibir por algo que no cometí? No. Es esta la manera en que me pagas tantos años de cariño. Es esta tu cruel manera de fingir que no ha pasado nada y que todo está bien. Que todo estará bien.

No veo cual es el punto de esta absurda carrera en medio de la nada. No veo el punto de porqué debo pagar por haberte amado.

Esto no es lo que soy. Ese otro ser que es un desconocido habitando el cuerpo que camina y sostiene el arma de su misteriosa y sangrienta obsesión manchada con el grito del cuerpo de su amado, no es lo que soy.

Todo el mundo tiene obsesiones. Algunos más que otros. Y por cada obsesión sana, hay otra que no lo es tanto.

Mi pecado fue haber matado al amor de mi vida.

Y dime, viajero, ¿cuál es el tuyo?




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Re: A Place Where the Sun is Silent [ Afiliación Normal ]

Mensaje por Kanade Tachibana el Lun Ene 09, 2012 11:20 pm

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