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Expediente de Rei Yanagisawa.

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Expediente de Rei Yanagisawa.

Mensaje por Rei Yanagisawa el Vie Mar 30, 2012 8:50 pm

Nombre y apellido: Rei Emi Yanagisawa.

Edad: 17 años.

Especie: Humana.

Residencial: Del Cielo.

Tendencia: Heterosexual.

Sexo: Femenino.

Nivel de Educación: Preparatoria.

Trabajo: Estudiante.

Descripción Psicológica: Mientras vivimos no sabemos aprender a vivir. Tampoco darle la importancia que se merecen algunas de las cosas más importantes. Ser unos completos cretinos entra dentro de nuestro día a día; también el hacernos distintos, sin más. Los defectos no son propiamente debilidades o rasgos a cambiar en sí, y mucho menos las virtudes algo de lo que vanagloriarse. Todo depende del cristal tras el que se observe algo, detenidamente, sin prisa o sin paciencia, no importa. La única verdad absoluta es que todos nacemos para morir y que por el camino intentamos hacernos el viaje asequible, o complicado; lo labramos. Bien, Rei es todo lo que se puede esperar de un humano, imperfecta. Ni más ni menos.

Obstinada. El delgado punto que separa la cabezonería de la tenacidad ha llegado a un límite un tanto inusual en ella, hasta el punto de no saber cómo o cuándo va a reaccionar ante las opiniones de los demás. Significa la palabra en sí, su significado más fiel a la lengua, que no da su brazo a torcer y que defiende sus razones por encima de todas las demás, sin importarle cuán cultivadas sean ni lo contrastadas que pudieran ser. No hay blanco y negro, no nos engañemos. Para la mayoría de las cosas Rei es así, prefiere aferrarse a sus razonamientos gracias a una sencilla lógica: en este mundo nadie regala nada ni se comporta de una manera con alguien que vaya a perjudicarle. La supervivencia es un instinto primario y a pesar de que muchos afirman poder sobreponerse a ella, no es verdad. No teme a ser traicionada, no es algo a lo que crea guardar miedo, es simple y llanamente egoísmo. Egoísta en cuanto a creencias, en cuanto a planteamientos. Si bien es una más, busca el bien propio como cualquier miembro de la sociedad. Antepone sus intereses con dos finalidades, sólo dos: si se mantiene en plenas facultades mentales podrá ofrecer su ayuda cuando lo crea justo y necesario, también porque las opiniones de uno siempre, reitero, siempre serán las que se creen más acertadas.

No muta su comportamiento con unos o con otros, se mantiene en sus trece las veinticuatro horas del día. Error si se piensa que ello significa ser cabal, tranquila y sosegada, pasota quizás. Puede ser todo eso, quizás cuando lo cree más oportuno o cuando más le apetece, pero no. Dilucida que si se siente triste o alegre no lo va a estar con unas personas sí o con otras no, es muy transparente y no oculta nada de su persona. La mejor coraza que uno puede calzarse es la de normalidad y aspecto real, así no habrá más sorpresas que las que tú dejes que te ofrezcan. Piensa que nos hacen daño sólo porque dejamos que nos lo hagan. Confiamos demasiado rápido en los demás.

Dolor; para Rei es rutinario. Darle más importancia a un sentimiento más no tendría sentido para ella. Bien, no niega que no es agradable, mucho menos que le agrada. Lo asume. La vida está repleta tanto de buenos como de malos momentos y hay que saber aprender de ambos. El altruismo no es una filosofía de vida válida para ella, puesto que llegado a este punto se podrá comprender que no busca que la cataloguen o clasifiquen en una manera de pensar. La complejidad que encierra un ser humano no se puede medir ni en palabras ni en términos generales, mucho menos en inútiles agrupaciones. Hay decepciones que honran a quien las inspira. Es curioso qué rápido juzgamos a veces a los demás.

Inspira cierta ternura. Digo cierta porque habrá a quien sí y a quien no. Detrás de su faceta más filosófica, la cuál la hace ver como una persona madura y equilibrada, se encuentra la Rei más impulsiva. No es una mujer calculadora, tampoco descuidada; se decanta más hacia la segunda opción, mas en ciertos campos de su vida diaria puede llegar a sorprender la precisión con la que recuerda algunas cosas. Memoria fotográfica se podría denominar, y selectiva sobretodo. Se acuerda de lo que quiere y olvida lo que gusta, las partes de su vida que no ha logrado encajar en su interior ha preferido relegarlas, a un segundo, tercer o cuarto plano. Eso nos lleva a uno de los puntos más importantes, no cree en la felicidad.

Podemos mantener instantes que se asemejen a ello, sin embargo es un término demasiado abstracto. Rei cree que nadie sabe lo que es la felicidad y probablemente esté en lo cierto. Unos opinan que es un cúmulo de sentimientos, otro que sólo puede llegar a sentirse fugazmente, en un período de tiempo casi inexistente. Prefiere no darle vueltas ni devanarse los sesos, pensar lo justo y ser práctica. La felicidad no existe y tampoco le pesa. Vivir es su meta y también el caminar por ella con la minoría de sentimientos negativos posibles, eso desde luego.

En cuanto a amistades es lo que se dice una chica abierta, uno se puede llegar a sorprender de veras de su círculo de amigos por su enorme diversidad. No es que se amolde a cada tipo de personalidad, mantiene su carácter e ideales férreamente, pero sabe cómo ingeniárselas y qué decir, aunque no sea lo que se busca escuchar precisamente. Hablando de escuchar y todas esas cosas de buen confidente y psicólogo, no se le da nada mal. Suele ser la primera en sentarse a escuchar los problemas de los demás, puesto que hay algo que jamás cambia, no juzga a nadie. No se cree quien, ni juez, ni abogada, ni fiscal. Cuando una persona te cuenta sus problemas o sus preocupaciones más importantes busca consejo y no que le recalques el error. Procesa despacio, a veces incluso pedirá que se le vuelva a repetir lo relatado, mas una vez interiorizado todo ello su consejo será uno de los más valiosos que hayan podido ser otorgados.

Valiente y leal, no sabe muy bien en qué punto de su corta vida comenzó a ser así; importa menos que un cero a la izquierda. Tanto por las personas a las que más valora o por sus propios principios, se defenderá o se encargará de disponer de lo necesario para ello, tanto para bien como para mal. Lo dicho es porque en ocasiones se defiende sin comprender que en verdad no hay atacante. Es muy mimosa y le encanta que la mimen, mas solo quien se gane dicho privilegio. Puede ser alguien muy afable y simpática de primeras, pero conforme se la va conociendo más a pesar de que no esconde nada, lo esconde. Es difícil de comprender, mas si no lo fuera la personalidad de Rei no sería tan extensa y variada. Asegura que nunca se deben de perder los sueños, pues no se sabe cuando le harán a uno falta. Las gentes sin esperanza son las más manipulables de todas, ella lo sabe.

Eso de perdonar pero no olvidar le parece la mentira mejor vendida de la historia, junto a unos cuantos tópicos más como el que si una persona engaña otra te lo hará a ti también o similares. No confía en los demás y lo admite, mas tampoco es desconfiada, no del todo. Sólo se guarda de daños que ella misma pueda evitar. Volviendo al tema, si bien se perdona, bien se olvida. Otra cosa es que se sea rencoroso, que encierra justo el antónimo de dicha frase. El cinismo o la hipocresía es algo que si la puede hacer despojarse de esa nube de pasividad y volverse seria, incluso áspera; nunca fría. La sangre ya hierve en sus venas de por sí, es vital a pesar de que en ocasiones está más quieta que un lirón y otras más hiperactiva que las alas de un colibrí. No sabe enfadarse, cuando lo hace no mide ni palabras ni actos, por lo que es excesivo.

En cuanto al amor, no tiene muy claro el concepto. Su corazón es demasiado joven como para asimilar algo que ni siquiera los que se dan de expertos en la materia entienden. Intenta buscar a esa mitad, como todos en este mundo por mucho que lo neguemos; el camino es largo y la soledad es mala compañera. Normalmente suele equivocarse, se encapricha de las personas equivocadas y aunque no acaba escaldada debido a su previsión, sí afectada. Ello la ha conducido también a una especie de inteligencia emocional amorosa, siéndole difícil el dejarse llevar o mismamente el querer moverse de su sitio. Le encanta que la sorprendan y también que se rompa con la rutina, mas dentro de unos límites que ni ella misma conoce a veces. Romántico es una palabra que la pilla por sorpresa, error en su procesador de texto. Los prototipos o conceptos que tenemos de ello gracias a todas las películas junto al desencanto que algunos poetas fatalistas o misma personas con experiencias funestas en el ámbito la traen algo descolocada. Cada uno ve el amor a su manera y ella aún no ha encontrado su punto de vista, algo que la desquicia. Le agradaría de veras el mantener una firme opinión sobre el tema, mas no sabe qué pensar, esa es la verdad. Está cansada de fallar, por eso conquistarla o que conquiste a alguien va a ser toda una odisea.

Es también de la opinión que nadie puede resultarte indiferente por el mero hecho de que es una persona y existe. Consciente de que intentarlo en algunos casos sería lo mejor, puesto que es lo que menos daño le supondría y le haría, pero le es demasiado arduo, ha tirado la toalla. Sabe cuando tiene que rendirse y cuando no, que sea obstinada, en un sentido poco global de la palabra, no significa que se esté dando de cabeza contra un muro continuamente. Es inteligente, quizás no tanto aplicado a los estudios como a la vida misma. Es de buenas notas, siempre lo ha sido, mas no las cree lo más importante. ¿Perfeccionista? Otra palabra en la que no cree, perfección; no existe. Ir en busca de ese pulimiento del propio interior o exterior es una pérdida de tiempo. No mantiene los mismos valores que la mayoría de los adolescentes y queda patente en esta peculiar manera de comportarse. Somos humanos por el hecho de que las sociedades existen, mas en muchos planteamientos ello la trae absolutamente sin cuidado.

Cree en la violencia justificada, eso sí. En contadas ocasiones como la oración anterior explica. Defender lo que uno cree suyo o apreciado es algo que está dentro de nosotros desde el inicio de los tiempos; no juega a las contradicciones, ni siquiera juega al ajedrez. Es clara y concisa cuando se expresa, sin exceso de palabras ni de actos, lo justo. Se suele tomar la justicia por su mano, esté bien o esté mal, pues ese es otro concepto que tampoco tiene muy claro. Hay comportamientos que su naturaleza cae de cajón, pero otros son confusos y se entremezclan, hasta el punto de hacerla sentir agobiada e impotente. No teme expresar sus debilidades, pues piensa que ello la hace más fuerte que quienes intentan esconderlas y pulirlas. ¿Pienso y luego existo? Rei prefiere pensar y existir, al mismo tiempo.


Descripción Física: Ojalá la hubieras conocido. Sí, tú, el que no creía en que pudiera existir alguien así. Porque, créeme, es absolutamente imposible que no te maravillaras al conocerla, ni el más frío de todos los que habitamos este mundo podría.

No son solo sus orbes almendrados de otoño, de azúcar tostado, los mismos que relucen en rojizo candor a cada instante, los mismos que fijan su atención con templado azabache en su interior mientras esas inquietas pestañas suyas flamean acaneladas. No son solo sus labios de ninfa griega, rosados y carnosos a la par que las cerezas en época estival, porque ella es todas las estaciones en una misma persona. No es solo su nariz, equilibrio casi perfecto en su rostro que hace que su mirar sea aún más profundo, de un tacto suave y deleitable. No es solo su tez, la que con su leve tono tostado, caramelo, inquieta a todo hombre que pueda contemplarla. Es su sonrisa, ¡Oh, su sonrisa! Ese diáfano y límpido teclado que guarda el momento preciso y perfecto para hacer su aparición con melodiosas sinfonías, ese presente casi divino que te hace sentir importante con tan solo presenciarlo, ese silencioso momento que, contagiosamente, también te hace sonreír a ti.

Y su cabello, cobrizo al igual que la mies en los campos al amanecer, refrescante como el rocío y ondeante como la brisa a la vera del mar. Tan hermoso que casi no se puede refrenar la tentación de palparlo con la yema de los dedos y corroborar lo que de seguro es cierto. Tú, que pensabas que mis incrédulos ojos nunca podrían presenciar algo así.

¿Y sabes lo que me contesta ella cuando le digo que me encanta? Me dice que es tan imperfecta que no puede ser cierto lo que le digo; y yo, la miro con fijeza a esos ojillos de otoño y me pierdo en ellos, para contestarle una vez más “Me encantas.”. Porque no hay más cielo que el de sus fotos.

Ojalá la hubieras escuchado. Sí, tú, el que no creía que pudiera existir alguien con tanta facilidad en la palabra. Porque, créeme, es rotunda y abrumadoramente imposible que no te enamoraras de su voz, tan clara, tan dulce, tan sincera; de esas palabras que crecen como rosas en tus oídos y que hacen que tu corazón palpite con fuerza. Esas que infunden tanta confianza, ánimo, empatía y cariño; no hace falta que ella te abrace para percibir la tibieza de sus palabras y el abrigo de sus silencios. Tan alegre que darías tu vida por verla ser feliz. ¡Porque es tan concluyentemente cándida! Nunca ví persona con más madurez que ella, jamás alguien tan responsable. Un cuento de aquellos que nos contaron a todos alguna vez, un sueño entre el “Érase una vez” y el “Vivieron Felices.”

¿Y sabes lo que me contesta cuando le digo que nunca cambie? Me dice que no merece mis palabras y me sonríe, y la miro, miro su sonrisa y esta me contagia. “Nunca cambies.” Le repito y ella me abriga con su silencio. Quizás, por estas pequeñas cosas, es por lo que la quiero más día a día.
¿Sabes? En efecto, ojalá la hubieras conocido.


Poder: No posee poderes, mas sí destrezas.
-Es hábil con las pistolas y cuchillos debido a su impresionante puntería.
-Es una persona confiable. No sabe aún cómo lo consigue pero sabe ayudar a los demás.

Debilidades: Hablar sobre su pasado. Ayudar a los demás sí, pero a ella misma le cuesta.

Armas:
-Una pistola Colt M1911A1.
-Una navaja multiusos.

Gustos: El ajedrez, algún que otro deporte, leer cómics, la música en general y salir de fiesta. Aun así es una persona responsable y sabe que tiene que estudiar para labrarse un buen futuro. Por ello, no le importa quedarse alguna que otra tarde estudiando. En cuanto a cuando está con amigos, le importa bien poco lo que hacer con tal de estar con ellos, aunque si se pasan toda la tarde tirados en el sofá viendo una película en vacaciones cuando podían estar perfectamente por ahí no es que le agrade demasiado. Antes estaba bastante enganchada a los antidepresivos pero desde que entró a estudiar al colegio pareció dejar de sentir afecto por las pastillas. Es seguidora nata del café y más si es solo y bien cargado. En cuanto a la comida le va bastante el picante y es poco amiga de lo ácido ya que le deja anestesiada la lengua por un buen rato. No puede vivir sin su dosis diaria de azúcar ya que la declararon hipoglucémica cuando era pequeña y necesita tomar mucho azúcar. En cuanto a la comida, toda le va bien, de todos los países y los gustos, puesto que no le hace ningún asco a nada; aun así, prefiere la comida mexicana, la hindú, y la japonesa. Adora que haga calor, se podría pasar bajo el sol abrasador un día entero.

Disgustos: No soporta ni el pudding, ni las alubias, ni las acelgas. Podrá comer cualquier otra cosa, mas esas tres en concreto ni de broma, prefiere ser víctima de cualquier maldición, y va en serio. Aborrece la asignatura de Informática, el que la importunen cuando está de mal humor y que intenten tocarle la moral.


Muestra de Rol: Aquí.

Familia: No queda ninguno.

Historia: Primer Capítulo: Nacimiento.
Como muchos sabemos, Zára es una ciudad situada en el sur de Croacia, aunque de cálida tiene bien poco. Es capital del condado de Zadar y con una población más bien reducida. Es bastante medieval, con muchos edificios históricos e incluso los habitantes recuerdan su nombre en época romana. Pues sí, allí comienza la historia de Rei.

El año estaba resultando bastante fructífero en lo que a la pesca concierne, pues las orillas de la gran ciudad venían repletas de peces y marisco de mar adentro. No había escasez de víveres y las familias se mantenían muy unidas bajo la fe anglicana que habían adoptado hacía muchos años. Era un buen lugar para vivir a pesar de ser ciertamente húmedo y quizás no muy bueno para los huesos. Mas ningún mayor se quejaba.

Podríamos centrarnos en muchas familias o en diferentes personas, pero profundizaremos sólo en una, en la que preciso centrarme esta vez y el propósito del que esté escribiendo esto: La familia Yanagisawa.

Eran gentes trabajadoras, inmigrantes ingleses, que jamás habían visto un céntimo de más en casa y que se ganaban el pan de cada día con su buen hacer. Vivían en una calle de la periferia, en una de esas viviendas en hilera de los barrios mineros que estaban en renta más que en compra. No había dinero para más a pesar de que era una época de abundancia y nunca ningún integrante de la familia osó quejarse por tal situación. La abuela Akane y el abuelo Kouichi habían vivido la segunda guerra mundial de primera mano, por lo que el descansar o el quejarse por cosas sin importancia no entraba dentro del día a día de los Yanagisawa.

Chie era una muchacha bastante acertada en cuanto a fisiología, puesto que su tez era suave y clara a pesar de haber estado limpiando toda su corta vida. De ojillos pequeños y oscuros, pero muy vivaces y el cabello ciertamente ondulado, pero con gracia. Había dejado de trabajar después de quedarse encinta y en aquellos tiempos se dedicaba a adecentar un poco la casa y cuidar de su suegro y su madre, ya que su propio padre había muerto años antes de una perforación de estómago.

Sakaki sin embargo, era un muchacho más que apuesto. Alto, de ojos azules y porte algo clásico, mas gracioso. También contaba con cabello oscuro y piel clara y una mandíbula algo ancha, pero de sonrisa encantadora. Había comenzado como pescador a la tierna edad de trece años debido a su falta de estudios. Una persona amable donde las haya, al que le encantaban los niños y más a sabiendas de que pronto sería padre, otra vez. El recuerdo de su pequeño retoño, muerto en los brazos, sólo hastiaba su alma y por ello rogaba todos los días a Dios que no se llevase a su otro pequeño también y que lo retuviese allí con ellos.

Aquel día, cuando Sakaki volvió a casa para anunciar que había sido un buen día de recogida, no pudo articular ni media palabra, ya que su mujer se encontraba echada en el suelo, retorciéndose de dolor y rodeada de líquido amniótico; había roto aguas. Junto a su suegra, la ayudó a levantarse y la subieron a la mesa de la cocina, puesto que ya no había tiempo a llamar a un médico, el bebé venía y no parecía querer esperar a que un licenciado apareciese por aquella puerta.

Comenzaron a calentar agua en el fogón, para meter allí las toallas y lograr que el parto fuese más fácil. Nadie habló, las miradas bastaban. Chie sonrió entre gritos agónicos, Novak le tomó la mano y asintió. Su felicidad estaba por llegar.

-Empuja, cariño, eres una mujer fuerte.-la apremiaba poco después su madre haciendo la vez de comadrona, intentando tomar la cabecita del niño entre las manos. Su hija tan sólo asentía y empujaba con todas sus fuerzas, notando casi cómo se le iban a comenzar a romper las entrañas-.

Un grito final y todo había terminado. El llanto del niño inundó la habitación, era sano, totalmente sano. Sakaki le dio un beso en la frente a su mujer justo antes de caer inconsciente por el esfuerzo y tomó al bebé en brazos para que su madre le suturase la herida; era la criatura más bonita que había visto nunca. Le contó los deditos y corroboró si era niña o niño. Una bendición del cielo.

-Te llamarás Rei, mi pequeña.-le susurró al oído mientras también le daba un beso en la frente a la pequeña llorona que tenía en brazos. Parecía que sí, tenía ganas de salir a ver mundo-.

Los días no pasaron en balde, la niña comía, dormía y lo hacía todo divinamente, por lo que la alegría a sus padres no les cabía en el pecho. Cuando comenzó a abrir los ojos, descubrieron dos luceros azules que para ellos no tenían fulgor semejante y cuya sonrisa era lo que les impulsaba a seguir viviendo.

Sakaki se iba a trabajar todas las mañanas y su mujer descansaba en el hospital junto a la niña, a la que habían llevado poco después de nacer, puesto que había que hacerle los reconocimientos oportunos. En ese tiempo, habían decidido que su segundo nombre sería Emi, como su abuela por parte de padre y que la protegerían siempre con su vida, pasase lo que pasase. Aún quedaba en sus mentes el amargor de la pérdida de Yosuke, su primer hijo y querían pasar página. Mas una muerte de un hijo jamás se supera, puedes convivir con ella pero nunca llegar a aceptarla.

Los siguientes meses estuvieron repletos de bonanza y buen hacer en aquella casa. Rei crecía y con ella todo se hacía más llevadero. Pronto comenzó a mantenerse erguida, a abrir más los ojos e incluso a tener un poco más de pelo, el cuál era bastante liso y de color semejante al de sus padres. La piel bastante pálida y delicada, al igual que sus ojos de un pigmento límpido y cristalino. Siempre dijeron que su sonrisa tenía algo especial, no sólo ellos, si no todos los que la habían conocido hasta entonces, puesto que transmitía paz con sólo curvar sus labios con cariño.

A mucha gente le parecía una pequeña simpática, que no dudaba en imitar a sus padres y hacerles reír, a la que le gustaba que los demás se sintiesen felices. Quizás es una idea un tanto temprana dado a que sólo contaba con unos pocos meses de vida pero como suelen decir, la intención es lo que cuenta.

Así pasaron sus primeros años de vida, felices y llenos de ilusiones, tanto para unos como para otros, mas luego todo se fue volviendo gradualmente oscuro hasta que de esa felicidad sólo quedó un buen recuerdo, un recuerdo que la atormentaría el resto de sus días por cómo fue y acabó siendo.

Segundo Capítulo: Infancia.
La época de bonanza en Zára parecía habérsela llevado el viento. Tal como vino se fue, dejando la pequeña ciudad repleta de hambruna y delincuencia. El mar ya no traía víveres, las provisiones no llegaban desde la capital y las televisiones comenzaban a influenciar de mala manera a algunos jóvenes que antes ni tan siquiera pensaban en cometer un crimen, fuera del tipo que fuere.

A los dos años, Rei comprendía bien lo que ocurría en su casa y todo su alrededor, ya que era una niña muy despierta para su corta edad. Su padre había caído en el alcohol a causa de la decadencia de la industria pesquera y su madre había comenzado a tomar pastillas debido al abuso sexual que recibía por parte de este. Caminaba a duras penas y ya sabía cuando tenía que comenzar a llorar para que su madre pudiese ponerle a su padre el pretexto de que tenía que cuidarla para no acabar apaleada brutalmente.

Su abuela se había marchado de nuevo al pueblo hacía unos meses, ya que había creído que ya no era necesaria su estadía en la casa y su abuelo Kouichi había muerto de cáncer poco después, por lo que tan sólo quedaban ellos tres. Por la mañana, solía quedarse con la vecina debido a que su madre tenía que irse a trabajar y su padre no sabía responsabilizarse de ella, tanto por la inexperiencia como su estado de ebriedad. Jugaba con Darina, una niña que era un año mayor que ella, algo mandona y un tanto extraña, pero que le hacía buen caso y buena compañía.

Era una chiquilla pecosa, de cabello más bien rubio y ojos pequeños y marrones, de tez algo tosca. Su padre era hindú, un inmigrante de la colonia que había decidido ir a la exmetrópoli para probar suerte y había contraído matrimonio con su vecina, la señora Suk. Era una mujer que tenía un negocio de chucherías en la esquina de la calle, pero debido a que estaba nuevamente embarazada era su marido el que llevaba la tienda. Rei había podido comprobar que ellos dos se querían mucho todo el tiempo, no como sus padres que se querían a ratos. Mas cuando intentaba contemplarlos un poco, Darina volvía para tomarla del brazo y hacerla jugar una vez más al escondite.

-Rei, esta vez cuentas tú.-exclama la chiquilla con cierto deje de burla y corría a esconderse, para después, cuando ella comenzase a buscarla, pegarle chicles en el pelo o rasgarle el vestido para reírse de ella. Era buena chica en el fondo, pero no soportaba que ninguna niña le quitase un poco de atención ante los ojos de sus padres-.

Ya a esa edad, la pequeña Yanagisawa había comenzado a notar cosas extrañas, como que a veces, cuando quería que algo se cayese para distraer a su padre cuando quería abusar de su madre, en ocasiones así lo hacía y paraba la discusión. Nunca se preguntó por qué ocurría y como aún era muy pequeña, jamás se le pasó por la cabeza el hecho de que pudiese tener poderes o algo por el estilo, eran cosas de niños y eso siguió pensando hasta mucho después.

Las cosas en su casa empeoraban gravemente. Cuando cumplió tres años y tuvo oportunidad de ir a la escuela, se sintió ciertamente culpable por dejar a su madre sola con su padre cuando tenía libres las mañanas, una culpabilidad que ninguna niña de tal edad debiera tener. Así que, sabiendo su maestra lo que ocurría, algunos días le daba permiso para irse un poco antes y así evitar algún mal mayor, ya que siempre hacía todas las tareas y era bastante aplicada, aunque era algo distraída.

Un día como muchos otros, ya con cinco años, se dirigía desde el colegio del barrio hacia su casa, junto a Darina que presumía de ser una chica mayor ya que estaba en primero y Marjane, una niña iraní que era algo callada, pero muy buena amiga de Rei a pesar de su corta edad. Vivía dos manzanas antes que ella y tenía siete hermanos mayores, todos varones. Su mamá era muy amable, siempre olía a especias y a veces le daba alguna que otra galleta para merendar cuando sus padres estaban discutiendo y se iba a jugar con Marji (así era el diminutivo de la pequeña.)

Esta, cuando llegó a su casa, les dijo adiós y desapareció corriendo escaleras arriba y Darina y Rei siguieron su curso. La primera no paraba de hablar de lo mucho que odiaba a su hermanito pequeño, ya que acaparaba toda la atención de sus padres, pero la pequeña Yanagisawa no se creía ni una sola de sus palabras. A ella le hubiera encantado tener un hermano y ser más en la familia, pero cada vez que se lo decía a su madre, esta se echaba a llorar y la abrazaba como si la vida le fuese en ello. “Lo importante es que tú estás aquí.” Decía y después le preparaba la merienda como solía hacer todas las tardes.

Al llegar a casa de Darina, se despidió de ella con la mano y avanzó un poco más hasta su propia casa, donde picó a la puerta. Nadie le abrió. Volvió a picar, pero nadie contestaba. Le pareció algo extraño, ya que su madre solía tener la puerta abierta y el suave olor a comida llegaba hasta la esquina por lo menos. El estofado de su madre era absolutamente inconfundible y nada ni nadie lo hacía mejor que ella. Por ello, estaba más que contrariada.

Bajó las escaleras y corrió por el jardín hasta la ventaba trasera, la cuál solía estar abierta para ventilar la casa. En efecto, estaba abierta de par en par, el problema es que era un lugar un tanto inaccesible para ella, mas lo intentaría.

Tiró la mochila del colegio en el césped, ya que con ella seguramente no podría escalar y tomó el canalón en sus pequeñas manos. No podía ser más difícil que trepar a los árboles del parque. Con esfuerzo, consiguió llegar hasta el alféizar; las rodillas peladas, los antebrazos llenos de arañazos y las manos de astillas debido a que había una parte de la casa sin arreglar y su padre la había tapado con tablones sin lijar. Bien, ya estaba dentro, la cuestión era saber lo que ocurría.

La ventana daba a la habitación que antes había sido de su abuelo Kouichi, al cuál nunca había podido conocer demasiado bien. Su madre decía que era algo gruñón, pero que en el fondo tenía un corazón de oro, cosa a juzgar por lo sonriente que salía en todas las fotos. También era muy religioso, pues no había rincón en el que no hubiese una cruz en la habitación, pero él tendía más a ser católico y no protestante.
Atravesó pues la cama y abrió la puerta. La televisión sonaba en el salón y los cristales de botellas de cerveza se veían en el suelo de la entrada, justo donde las escaleras. Caminó hacia ellas de puntillas, para que su padre no la escuchase y comenzó a subirlas poco a poco, todo olía a podredumbre.

Al llegar a arriba, su mirada azul se congeló para siempre; un rastro de abundante sangre cubría el primer piso y la conducía hacia la habitación de sus padres. Sin dudarlo, corrió hacia ella salpicándose las piernas de aquel líquido carmesí y la abrió de par en par, encontrándose con la escena más cruenta que vería en su vida. Su madre, muerta en el suelo, llena de sangre y tan apuñalada que no le cabía una cuchillada más y su padre, que no estaba en el salón, si no arrodillado ante ella, llorando.

-Qué te he hecho mi vida, qué te he hecho.-susurraba mientras intentaba limpiarse la sangre de las manos. Miró hacia arriba y vio a su hija, a Rei, mirándolo con horror y desconsuelo mientras las lágrimas escapaban de sus ojos.-No, cielo, yo…-no pudo terminar la frase, la pequeña salió corriendo escaleras abajo. Ese fue el momento en el que su infancia hubo acabado-.

Tercer Capítulo: Transición.
Después de aquello, su padre fue enviado a prisión y ella a vivir con su abuela, por lo que tuvo que cambiar de colegio. Darina le regaló un lazo viejo que ya no le gustaba y Marjane le regaló un pañuelo iraní, bordado por ella misma, claro que ayudada por su madre. Se despidió de ellas con una sonrisa amarga y triste, mientras su abuela la instaba a entrar en el coche, les quedaba aún bastante camino hasta el aeropuerto y del aeropuerto a otro país, el Reino Unido, Liverpool, donde ella vivía. Era muy distinta a su Zára natal, puesto que era muy turística, contaba con playa y además estaba muy lejos de Croacia.

Recordaba la casa de su abuela Akane como un lugar lleno de paz y cariño, que quizás era lo que más necesitaba en aquellos momentos. No era muy grande, tan sólo contaba con un piso y era de dos habitaciones pequeñas, pero era tan coqueta que no importaba. Nada más llegar, su abuela ó como ella la llamaba, nana, le preparó un té con leche y le ofreció galletas de jengibre, scones y bizcocho de pasas, pero tenía la sensación de que estaría mucho tiempo sin comer. Ella le recordó que las penas, con pan son menos y que su madre no querría verla así, tan desfallecida y pálida y que debía de nutrirse y ser fuerte.

Le costó mucho acostumbrarse a aquel lugar, ya que el clima era distinto e incluso también lo era la gente. Aun así, hizo amigos con cierta facilidad y comenzó clases de guitarra después de encontrar el viejo instrumento de su abuelo James, el cuál según su abuela había sido todo un pionero en aquello del rock & roll y que había sido incluso más famoso que los propios Beatles. Claro, que con ello se refería a que había formado un grupo y habían tocado siempre en las fiestas de la ciudad. Aunque sí había grabado un disco, un tanto desastroso por cierto.

Pronto comenzó a interesarse por la escritura, ya que los tiempos muertos en casa de su nana los pasaba o tocando la guitarra o leyendo. Aprendió mucho de Edgard Allan Poe, de Shakespeare y de muchos más, creando una filosofía de vida bastante interesante. Como le gustó lo que todos hacían, se ofreció como columnista del colegio y no le fue mal en absoluto. Fue cuando comenzó a admirar las aventuras de Sherlock Holmes.

A los ocho años, recibió la noticia de que su padre había muerto en prisión, de una pulmonía y de que la herencia pasaba a ella directamente. Era muy pequeña aún para comprender todo aquello y por ello el notario decidió que lo mejor sería que su abuela lo administrase todo y que cuando cumpliese la mayoría de edad podría hacerlo ella. Pero su abuela tenía otros planes para ella. Le quitó todo su dinero, por lo que se vio obligada a trabajar y sacar la escuela adelante; sola. Estuvo así hasta los diecisiete años, muriendo un 4 de Enero después de que la misma no la dejase entrar en casa y no poder guarecerse del frío. Se despertó entonces en un lugar que no había conocido hasta entonces.


Origen: Another – Izumi Akazawa.

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Re: Expediente de Rei Yanagisawa.

Mensaje por Touwa Erio el Vie Mar 30, 2012 9:54 pm



Touwa Erio

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