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Acónito & Luparia. {One-shot}

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Acónito & Luparia. {One-shot}

Mensaje por Rei Yanagisawa el Sáb Mar 31, 2012 11:33 am

Nombre: Acónito & Luparia.
Autor: Rei Yanagisawa.
Tema: Harry Potter, perteneciente a J.K. Rowling.
Personajes: Originales.

Su sonrisa estaba rota, pero al menos sonreía. Las comisuras ligeramente forzadas, la mano apoyada en la barbilla. No era para ella, o quizás sí; moría, moría tan sólo siendo consciente de que por muy extraño que fuese, sabía que quería ver en sus ojos lo que en otras no. Sabía que se esforzaba, no era la primera vez que intercalaban miradas, ni tampoco la última. Esquivos, sus orbes huían, de qué se preguntaba. Le conocía bien, puede que en demasía. Sabía que los domingos gustaba de madrugar para pasear un rato a solas y que su asignatura favorita era Cuidado de Criaturas Mágicas por mucho que insistiese en que no. Porque no puedes estar con alguien dos años y que este no haga mella en tu vida.

Huellas, imborrables. Lo contempló unos segundos más mientras seguía sonriendo, lo más probable por alguna elocuencia de sus amigos, esos que nunca la habían visto con buenos ojos. Para qué verla de otra manera si era quien impedía que estuviesen todos juntos. El fuerte codazo en las costillas de su compañera no le importó, a fin de cuentas el dolor físico era pasajero. Volvió a encontrarse frente a frente con su pergamino, impoluto; ni siquiera sabía lo que tenía que hacer. Se sentía pequeña cuando la miraba, y sabía que lo hacía cada vez que apartaba la suya, como si sólo esperase que ella dejase de profesarle con su silencio los gritos de esperanza de su corazón.

¿Vivir el amor? Más bien lo sufría. Su sentimiento más contradictorio y a la vez el último que querría perder. Los giratiempos eran el mejor invento del mundo, ojalá pudiese disponer de alguno, para volver atrás. No cambiaría el día que se pasaron la tarde en el lago, riendo como unos niños que jugaban a querer y a intentar ser adultos, tampoco cambiaría las últimas palabras que se dirigieron; sabía que eran mentira. Cambiaría todo y a la vez nada, el ser capaz de aprender de su pasado, de sus errores. Habían cruzado la línea, esa que nos dice a veces lo que puede ser perjudicial y lo que no. En su momento dio igual, y seguía dando. Le acojonaba volver a sentir algo por otra persona, porque lo quería todo. No entendía que ella lo quería todo consigo y nada sin él.

Revuelo. Regresó al mundo terrenal y se encontró con que la clase había finalizado. Los alumnos que antes permanecían sentados sin demasiado entusiasmo en sus respectivos pupitres ahora luchaban por ser los primeros en abandonar el aula. Pestañeó dos o tres veces, decidiendo que ya había soñado bastante despierta por aquella vez. Cerró el libro, guardó el tintero y el pergamino con desdén en la cartera y se levantó del asiento; podía volver a la sala común con todos los demás, quizás dejarse caer por…ya no sabía por dónde. Un agarre suave, mas firme, asía su muñeca con paciente disposición; temió encontrarse con sus pupilas por primera vez en mucho tiempo, temió más que en toda su vida.

-¿Podemos hablar?-no titubeaba. No, no lo hacía. Ella en su lugar no hubiera sido capaz de articular palabra. Pero claro, se olvidaba que él era la piedra más dura de todas, no le importaba nadie porque si no se vería obligado a quererle. Apoyó su mano libre sobre la mesa, con disimulo, las piernas no la sostenían. En efecto, no era Gryffindor, no era valiente; qué más daba ser inteligente cuando te desarmaban por completo. Era inservible. Sabía que aunque no lo exteriorizase, él también la quería, a veces. Parecía que quería sostenerla, como intuyendo que su más lograda barrera se estaba derrumbando-.

-Por qué no.-muy tarde para evitarlo. Los sueños estaban perdidos, el corazón roto. Casi no lo había notado, mas su atadura había ido desapareciendo junto a los instantes, junto al tiempo. Nadie quedaba ya, sólo ellos dos. Cuando la tocaba todo lo que la recubría la estorbaba, incluso la piel; a pesar de que eran dos completos extraños que una vez compartieron más que mundo, más que clases, más que silencios.-Dijiste que lo harías. Te creo un hombre de palabra a pesar de que no sepas luchar por nada.-sonó dolida a pesar de no ser su intención, hacía tanto que no escuchaba su voz que volvió a tomar vida en su memoria. Nunca había hablado a alguien con tanto amor, ni tampoco con tanto rencor. Oh, vamos, todos somos rencorosos en ocasiones por mucho que nos mintamos a nosotros mismos-.

También sabía que la quería cuando le brillaba la mirada, la misma que la enterraba bajo sus propios sentimientos en el presente. Dolía, pero más cuando la insolencia de la joven de cabellos dorados le oprimía el pecho. Sí, ella podría saber muchas cosas, pero nunca cómo expresarse o decir lo que realmente cruzaba su cabeza. Como si algunos días se olvidase de que tenía que darse cuerda y que no se podía quedar en su mundo todo el tiempo. Lo peor era que dicha faceta era la que lo había hecho perder la cordura de la que presumía ante los demás, de ello sí que eran conscientes ambos. Se abstenía a tocarla otra vez, también de mirarla o retenerla allí. Pensaba que quizás no había sido buena idea. No hablaba, no decía nada.

-¿Callas? Quien calla otorga.-ya no sonaba dolida, ni siquiera decepcionada. Sentía tantas cosas al mismo tiempo que ninguna llegaba a manifestarse con claridad. –No me busques cuando todo lo que tienes que decirme es eso.-hizo amago de darse la vuelta, mas las emociones la golpearon prontamente, dejándola sin aliento. La besaba y era ella esta vez la que no le ponía remedio alguno, no podía, no quería. Su aliento sobre las mejillas, se sonrojó. Buscó con avidez sus labios, anhelando su sabor, su tacto, su calidez. Se estaba rebajando, pero como la mayoría de las cosas, le dio lo mismo. Apenas unos segundos, retomó el aire que le faltaba y al separarse una sensación de absoluta desazón y abatimiento la invadió.-N-no puedes hacerme esto, no puedes.-repuso, bajo la coherencia y la razón que abrazaba a pesar de que la habían abandonado hacía tiempo ya.-Eres tú cuando despierto, cuando me duermo, cuando no estás… ¿por qué no me dejas en paz?-su voz fue perdiendo intensidad, quebradiza. Había llegado a un punto en que no entendía sus ojos, no sabía lo que le contaban. No entendía nada-.

Por primera vez le dedicó una sonrisa, verdadera; para ella. No la más bonita, ni tampoco la mejor dibujada, pero con que se la regalase le bastaba. Intentó tragar saliva, pero se le había secado la boca y el corazón latía desbocado.-Tú, que te las das de inteligente, no lo entiendes. No lo entenderás nunca.-sentenció, con su habitual frialdad y desinterés. Anhelaba creer que también era una fachada, que sólo buscaba protegerse a sí mismo, mas comenzaba a dudarlo. Y es que sentía que, aunque distinta fecha, siempre era la misma historia.-Yo no te quiero. No lo hago.-era irreal el cómo tales palabras podían devastar a una persona, y más a ella. La que había defendido hasta la saciedad el que no se podía depender de nadie. Una vez más su aliento, en su oído.-Yo te amo, Aly. Yo te amo y eso es mucho peor.-se incorporó, un paso hacia atrás. Mar frente al mundo gris que él le ofrecía. Otro mundo, paralelo-.

Se había llevado de ella la mejor parte. La única de la que disponía. ¿Lágrimas? Recorrían imaginariamente su rostro, ya no querían derramarse para siempre llegar al mismo punto, sin poder avanzar. Traicioneras, la quemaban por dentro, no lograba hacerlas salir. Era orgullosa, más de lo que conseguía admitir de vez en cuando. Mil conflictos bajo la piel, esperando sempiternamente que él supiese leerla cuando se le erizaba hasta el último poro, latiendo su corazón al compás de una melodía rota. Acónito y Luparia, destinados a ser la misma persona en dos cuerpos diferentes, un ni contigo ni sin ti. Aun así distintos, antagónicos. Eso eran, una historia sin final.
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Rei Yanagisawa
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